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Conocimos el restaurante vegano de Sweetfran: ¡lo que nos gustó y que no!

Por Francisca Orellana

Hace tiempo que teníamos ganas de ir a conocer el restaurant vegano de la foodblogguer Sweetfran (@sweetfran_tienda en Instagram), que tiene en Manuel Montt 0119, Providencia. En las fotos se veían platos muy ricos visualmente, y para nada caros.  Era un desafío porque no somos veganas, sólo una de mis hermanas es vegetariana, y habíamos probado pocos platos ricos.

Llegamos y lo primero que nos llamó la atención es que no había nadie sentado en las mesas, sino que había una fila para comprar los platos. Al final, no tenían atención a las mesas, sino que uno pedía en la caja, te entregan el pedido en platos desechables y tu veías si te sentabas a comer ahí o te los llevabas.

El tema de llegada fue un poco incómodo porque no tenían una carta dónde ver los platos disponibles, y tenías que estar preguntándole a la cajera qué había y no te daba todas las opciones. Fue como todo raro, pese a que la cajera tenía toda la disposición para responder.

En fin, así y todo pedimos nuestros platos: una lasagna vegetariana ($3.500),  un sandwich integral de  hamburguesa de pasta de poroto, una tarta vegana de berries ($3.500) y un jugo de piña, jengibre y menta.

Lo mejor: el postre

Lo primero que nos llamó de este restaurante vegano la atención fue el tamaño de los platos. Las porciones eran muy contundentes en relación al precio, lo que se agradece mucho. El plato de lasagna, que viene rellena ricotta casera de mani, tofu, espinaca, albahaca, champiñones, cebolla, choclo, pure de tomates, zapallo,  y queso vegana, venía además acompañada de rodajas de lechuga con trocitos de tomate, y una salsa.

La verdad es que la lasagna estaba deliciosa. Es mi plato favorito, y en esta ocasión venía con mucha cantidad de cada ingredientes y muy sabrosa. Debo decir eso sí, que me la entregaron fría y tuve que pedir que me la volvieran a calentar. Fuera de eso, no me la pude comer entera porque era muy grande y contundente.

Con el sandwich integral de pasta de porotos, que venía con pepinillos, tomate, lechugas hidropinicas, y guacanole especial (palta-palmito), nos pasó lo mismo. Venía muy helada, la calentaron y sólo quedó tibia por arriba y nada abajo. Pero en fin, fuera de eso, la mezcla de la pasta estaba maravillosa y muy contundentes todos los ingredientes. El pan fue lo mejor, estaba muy fresco y crujiente y de buen sabor.

 

Pero lo mejor de los tres platos fue el postre. La tarta muy deliciosa, cremosa y dulce. La masa rica y muy compacta. Con unos pocos bocados, queda saciada así es que la tuvimos que llevar a la casa porque ni muerta la íbamos a botar.

Quedamos satisfechas, pero no pudimos evitar llevarnos una cocadas a $500, y un alfajor para la tarde. La verdad es que lo disfruté en la tarde.

Si bien la experiencia de ir al local mismo no fue tan satisfactoria por los platos fríos o que no hubiera carta para elegir, creo que volvería de nuevo o pediría a domicilio, porque son contundentes y para ser veganos, los sabores fueron muy sorprendentes!.

No eché de menos comer algo de origen animal, que es algo que me suele pasar con los platos veganos, que son como más blandos de lo normal y siento que algo me falta para morder. En este caso, no me pasó nada de eso.

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