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Testimonio: “Lucho con mi hijo de 13 años para controlar su peso”

Una de las tantas luchas diarias con mi hijo de 13 años, es la de intentar controlar su peso. Desde hace 5 años nos comenzamos a preocupar porque es muy ansioso y si dependiera de él estaría comiendo todo el día. El sobrepeso no era tanto, pero si seguía así la situación no se veía nada buena para el futuro.

La verdad es que si considero mi experiencia personal no puedo dictar cátedra en esta materia. Luego de ser delgada toda mi vida, en mi primer embarazo subí 30 kilos y sigue siendo una odisea bajar esos kilos ganados hace muchos años, de los cuales aún quedan algunos.

La gran diferencia es que a la edad de mi hijo yo botaba toda la ansiedad haciendo deporte. Nadaba de manera competitiva y pertenecía al equipo de hockey y atletismo del colegio. Como mínimo hacía tres horas de actividad física diaria. Podía comer lo que quisiera y estaba muy delgada. Más tarde sabría que esa falta de hábitos una vez que se deja el deporte competitivo, pasa la cuenta…

Por este motivo, la alimentación de mi hijo me preocupa, considerando además que le cargan los deportes. Algo que no juega a su favor en este tema. Lo primero fue llevarlo al médico, quien le pidió una serie de exámenes. Como resultado: tenía resistencia a la insulina.

De ahí seguimos con la nutricionista, que le dio una dieta que para un niño de 8 años me pareció demasiado estricta, por no decir casi imposible. Era una demasiado restrictiva. Para el desayuno, sólo quesillo, jamón de pavo y mermelada light. Cero carbohidratos y debía seguir la dieta aunque fuera a cumpleaños de amigos y otros panoramas el fin de semana.

Luego hablando con una amiga, que también es nutricionista, me aconsejó: Vuelve a la comida del tiempo de nuestras abuelitas. Todo más natural y en los horarios. Si a los adultos nos cuesta entender la importancia de una alimentación saludable, pretender que un niño siga una dieta muy prohibitiva creo que es poco realista y puede jugar en contra.

Lo que estamos haciendo es ser más estrictos con la dieta los días de semana y la cena de la noche en la casa (sin carbohidratos), dejando que el fin de semana, si tiene algún panorama o cumpleaños coma lo mismo que los demás. También intentamos que se entusiasmara con basquetball, deporte que practicó por 3 años. Además fuimos incorporando alimentos más sanos como el quesillo al desayuno y en la cena: guisos y tortillas de verduras, que le han gustado mucho.

Si a los adultos nos cuesta entender la importancia de una alimentación saludable, pretender que un niño siga una dieta muy prohibitiva creo que es poco realista y puede jugar en contra.

Poco a poco, la estrategia fue dando resultado. Comenzó a bajar, coincidiendo además con un gran aumento de estatura, que ahora hace que esté bastante bien con el peso. Pero siempre se mantiene en el límite, porque tiende a querer comer más. Si está comiendo algo, antes de terminar, ya pregunta si puede comer otro. Y ahí estoy vigilando que no se repita la comida, postres u otros, es decir que respete las porciones. Creo que eso es lo que más ha ayudado. Hacer que coma más saludable y que respete las cantidades adecuadas.

Además yo intento comer lo mismo que él en la cena: ensaladas, guisos y proteína. Con los demás miembros de la familia no me resulta mucho. Me gustaría que el grupo familiar también lo apoyara, intentando no comer cosas que él no puede, pero dicen que por qué ellos van a dejar de comer. Esa es una eterna discusión. Puedo decir que he vivido en primera persona la importancia de que tu entorno te apoye en este intento por mantener un peso saludable. Eso es fundamental y no siempre se consigue.

También hemos dejado de comprar alimentos que no son saludables, pero ese es un gran problema porque nuestra otra hija se queja. Pero la doctora nos explicó que aunque ella esté delgada igualmente le hace bien comer sano.

Está claro que este esfuerzo sigue

Cada vez que escucho que va a la cocina parto para ver a qué va . Siempre tiene que haber fruta, jalea light, flan light y yogurt en el refrigerador. Así, si me dice que tiene hambre entre comidas, le digo que tiene que elegir entre esas alternativas. Obviamente no es fácil, ya que hay ocasiones en que hay celebraciones y las comidas no son tan saludables, pero intentamos ir combinando. Si comió torta, la siguiente comida debe ser más liviana y luego volver a la alimentación habitual.

Cada vez se hace más difícil, porque a medida que crece uno no está siempre con ellos y ya no se puede controlar todo lo que comen cuando no están en la casa. Por ahora seguimos intentando que haga más actividad física. Le gusta andar en bicicleta y el tenis de mesa, entonces intentamos que haga esas actividades. También que suba cerros y camine el fin de semana. Tratamos que se mueva más. Pero es una dedicación constante.

Reconozco que a veces me relajo, porque no es tan entretenido estar encima y repetirle lo importante que es, pero sigo haciéndolo para que se mantenga y comprenda la importancia que tiene para su salud. Lo que está claro es que es una preocupación para toda la vida y que cada vez más dependerá de él.

Testimonio anónimo

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