Mente y emoción

La carga invisible del envejecimiento en Chile: por qué las mujeres siguen asumiendo el rol de cuidadoras

Chile está envejeciendo, y rápido. Hoy, más de 3,5 millones de personas superan los 60 años, y se proyecta que en las próximas décadas este grupo seguirá creciendo. Pero más allá de las cifras, el cambio ya se vive en lo cotidiano: cada vez más familias enfrentan el desafío de cuidar a un adulto mayor en casa.

Y en ese proceso, hay un patrón que se repite. El cuidado no se distribuye de manera equitativa. En la mayoría de los casos, es una mujer hija, pareja o hermana quien asume la responsabilidad principal, muchas veces sin preparación previa y reorganizando completamente su vida.

Cuidar no es solo estar presente. Implica coordinar múltiples dimensiones al mismo tiempo: controles médicos, tratamientos, rutinas, alimentación, traslados y contención emocional. Es una carga que se instala de forma progresiva, pero que termina ocupando un lugar central en el día a día, muchas veces sin redes de apoyo claras.

A eso se suma algo más difícil de explicar: la sensación de tomar decisiones en soledad, de no saber si se está haciendo bien y de vivir en un estado constante de urgencia. El desgaste no siempre se ve, pero se acumula.

¿Cómo cuidar a un adulto mayor sin hacerlo sola?

En paralelo, comienza a abrirse una conversación necesaria: cómo cuidar sin que eso implique hacerlo sola. Cómo acompañar a una persona mayor de manera digna, pero también sostenible para quien cuida.

En ese contexto, han comenzado a surgir nuevas formas de abordar este proceso. Una de ellas es SITU, una propuesta que pone el foco en que las personas mayores puedan envejecer en sus propias casas, manteniendo su entorno y calidad de vida.

Su enfoque busca ordenar un proceso que muchas veces se vive desde la improvisación, acompañando el cuidado en el hogar de manera integral. A través de un plan personalizado y el apoyo de una gestora de casos una enfermera geriátrica, las familias pueden entender mejor lo que está pasando, anticiparse a las necesidades y tomar decisiones con mayor claridad.

Más que reemplazar el rol de la familia, lo que propone es sostenerlo. Que quien cuida, que en la mayoría de los casos es una mujer, deje de hacerlo en soledad y pueda contar con orientación, seguimiento y apoyo continuo.

“Muchas veces las mujeres asumen el cuidado desde el amor, pero sin herramientas ni apoyo, y eso termina siendo muy desgastante. Cuando el cuidado se acompaña, no solo mejora la calidad de vida de la persona mayor, también cambia completamente la experiencia de quien cuida”, explica Paula Ossandón, cofundadora de SITU.

Cuidar también debería ser sostenible

En un país donde el envejecimiento avanza más rápido que las soluciones, repensar el cuidado se vuelve urgente. No solo desde cómo se cuida, sino también desde quiénes lo sostienen.

Porque cuidar a una persona mayor no debería significar hacerlo todo sola. Y empezar a hablar de esto y a buscar nuevas formas de acompañarlo es también una forma de cuidarse.

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