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Invierno y deshidratación: por qué tomamos menos agua cuando más frío hace (y cómo notarlo a tiempo)

Con el frío llega el abrigo, las sopas y el té caliente. Lo que no llega es la sed, y eso es exactamente el problema. Durante el invierno muchas personas reducen el consumo de agua sin notarlo, lo que puede afectar desde la concentración hasta la capacidad del cuerpo para defenderse de infecciones respiratorias. Especialistas explican por qué pasa esto y qué hacer al respecto.

¿Por qué tomamos menos agua en invierno?

La respuesta es simple: el frío reduce la sensación de sed, pero el cuerpo no deja de necesitar agua. Así lo explica Ximena Rodríguez, directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Bernardo O’Higgins.

«En invierno el organismo sigue necesitando hidratación para funciones esenciales como el transporte de nutrientes, la eliminación de desechos y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Una hidratación insuficiente puede provocar fatiga, menor concentración, estreñimiento y mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias», advierte la especialista.

El problema, agrega Rodríguez, es que la deshidratación en invierno suele pasar desapercibida porque no aparece con la misma intensidad que en verano. Se instala de forma silenciosa y sus señales se confunden fácilmente con el cansancio del día o el mal tiempo.

¿Cómo saber si estás mal hidratada o hidratado?

Algunos de los signos más comunes de deshidratación en esta época, según la nutricionista, son:

  • Labios y piel reseca o agrietada
  • Dolores de cabeza frecuentes
  • Cansancio persistente sin razón aparente
  • Dificultad para concentrarse
  • Estreñimiento

Si alguno de estos síntomas suena familiar durante los meses fríos, es posible que la hidratación diaria esté quedando corta.

Las vitaminas que más importan en invierno

Junto con la hidratación, los especialistas destacan la importancia de mantener una alimentación que refuerce las defensas durante los meses fríos. Los nutrientes más relevantes en esta época son:

  • Vitamina D: fundamental ante la menor exposición solar del invierno.
  • Vitamina C: clave para el sistema inmune y presente en cítricos, kiwi y verduras de hoja verde.
  • Vitaminas A y E: con rol antioxidante y de protección celular.
  • Zinc, hierro y omega-3: nutrientes que contribuyen al buen funcionamiento del sistema inmunológico.

En ese contexto, el interés por jugos naturales con alto contenido de vitamina C también crece en los meses fríos. Desde Jumex lo confirman: su formato Único Fresco de Naranja jugo natural sin pulpa, sin conservantes ni colorantes artificiales, sin azúcar añadida y apto para dietas veganas y vegetarianas es uno de los más elegidos durante el invierno, especialmente para acompañar desayunos o colaciones.

Hábitos simples que hacen diferencia

Los especialistas coinciden en que pequeños cambios en la rutina pueden tener un impacto real durante esta temporada. Algunas recomendaciones concretas:

  • Tener agua disponible y visible durante el día, aunque no se sienta sed.
  • Incluir frutas y verduras con alto contenido de agua en la alimentación diaria.
  • Aprovechar los momentos de sol, incluso en invierno, para mantener niveles adecuados de vitamina D.
  • Privilegiar comidas nutritivas y variadas por sobre preparaciones muy procesadas.
  • Complementar el agua con infusiones calientes o jugos naturales, especialmente en la mañana.

Nada radical, nada difícil. Solo hábitos que en invierno marcan una diferencia concreta en cómo se siente el cuerpo y cómo responde a lo que viene.

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