¡Más allá de la empanada! Los sabores de nuestra infancia que están volviendo a la mesa este septiembre
Seamos honestas: amamos la empanada de pino y el asado familiar, son el corazón innegociable de nuestras Fiestas Patrias. Pero, ¿se han dado cuenta de que septiembre también es la excusa perfecta para rescatar esos otros sabores de la infancia que a veces dejamos en el olvido por la rutina diaria?
Este año, hay una tendencia hermosa que estamos viendo en las mesas chilenas: el regreso triunfal de la cocina tradicional. No se trata solo de «comer rico», sino de reconectar con nuestra identidad, con la historia y con esos ingredientes de nuestra tierra que nos hacen tan bien.
Hablamos con expertos de la industria, como el equipo de Emporio La Rosa, y nos confirman algo que nosotras ya sospechábamos: el pastel de choclo, el charquicán, los porotos granados y las sopaipillas pasadas no son solo «comida antigua». Son preparaciones que trascienden las modas porque están vinculadas al afecto, a los almuerzos familiares y al bienestar de comer algo hecho con tiempo y cariño.
Te contamos por qué estos platos son un tesoro y cómo disfrutarlos bajo nuestra filosofía de Placer sin Culpa.
Los imperdibles que nos abrazan el alma
Lo maravilloso de la cocina chilena es que, detrás de su sencillez, hay una gran sabiduría nutricional y de temporada:
- El Charquicán (El reconfortante): Olvidemos por un segundo que a veces lo vemos como «comida de dieta». Un buen charquicán es un guiso poderoso lleno de zapallo, papas, choclo y verduras de la estación. Es fibra, es energía y, si se le añade un huevo o un trozo de carne magra, se convierte en un plato completo y reconfortante para los días aún frescos.
- Pastel de Choclo (El clásico infaltable): Esa mezcla dulce y salada, con el albahaca asomando su aroma, es pura felicidad. La clave está en la calidad del choclo y la cebolla caramelizada. Es un plato que nos pide ser compartido y saboreado despacio.
- Sopaipillas Pasadas (El abrazo dulce): Con su chancaca, clavo de olor y cáscara de naranja, son la definición de «comida que cura el alma».
El enfoque «Más Liviano»: Disfrutar la tradición con equilibrio
Aquí viene nuestro consejo de hermanas. La idea no es prohibirnos estos manjares, sino cambiar la forma en que nos relacionamos con ellos. La cocina tradicional se puede reinterpretar con respeto, tal como lo hacen hoy muchos chefs y locales, manteniendo el sabor de siempre pero cuidando las porciones y los excesos.
💡 Tip de Más Liviano para un septiembre equilibrado:
- El poder de compartir: En lugar de comer un pastel de choclo entero, ¿qué tal si lo compartes con una amiga o tu pareja? Así pruebas el sabor, satisfaces el antojo y cuidas tu saciedad.
- Ensalada Chilena, siempre: Acompaña tus platos de fondo con un buen tomate, cebolla y cilantro. La frescura y la acidez de la ensalada chilena son el contrapeso perfecto para los sabores más contundentes.
- Atención plena (Mindful eating): Come sin pantallas. Huele la albahaca, siente la textura del zapallo y saborea cada bocado. Cuando comemos con presencia, necesitamos menos cantidad para sentirnos plenamente satisfechas.
Un cierre dulce con identidad
Y si después del almuerzo el cuerpo pide algo dulce, la buena noticia es que la repostería chilena también está en su mejor momento. Sabores como la leche asada, la lúcuma, la miel de ulmo o incluso combinaciones más audaces como chirimoya-naranja están demostrando que nuestros ingredientes locales son de clase mundial. Un trozo pequeño, disfrutado con un café o un té, es el broche de oro perfecto.
¿Y tú, qué opinas?
¿Cuál es ese plato tradicional que te transporta inmediatamente a la cocina de tu infancia? ¿Eres team charquicán o team pastel de choclo?
¡Te leemos en los comentarios! Cuéntanos tus recuerdos gastronómicos y sigamos compartiendo esos datos que hacen nuestras celebraciones más sabrosas, conscientes y, por qué no, más livianas.

