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¿Es más saludable la sal de mar que la de mesa?

  • Nutricionistas dicen que ambas tienen el mismo nivel de sodio. Eso sí, expertas en gastronomía señalan que la primera tiene un mejor sabor.

Por Francisca Orellana

Hoy tenemos una infinidad de sales para condimentar nuestras comidas. La de mar es una de las más solicitadas y ha llegado a ampliar nuestra despensa como una opción más saludable para nuestra salud en comparación a la sal fina o de mesa. ¿Es realmente mejor? ¿Qué semejanzas o diferencias tienen?

Antes de entrar en detalle, hay que decir que nuestro cuerpo necesita de la sal para funcionar, ya sea adicionada o de la que podemos obtener de los alimentos. Gracias a ella, se regulan los fluidos corporales, mantiene el Ph de la sangre o ayuda a la contracción muscular, cuenta Florencia Orphanopoulos, nutricionista de la Clínica Avansalud. El tema es que, como suele pasar, comemos una dosis mayor a la necesaria – más de seis gramos al día – y ahí se originan los problemas.

“La ingesta excesiva contribuye a aumentar la presión arterial, a la formación de cálculos renales, enfermedades óseas porque favorece la eliminación de calcio a través de la orina y cáncer gástrico”, detalla Rinat Ratner, nutricionista de Clínica Alemana.

¿Son diferentes?

En cuanto a su composición, las especialistas comentan que ambas tienen el mismo ingrediente y en gran cantidad: el sodio. “La sal fina y la de mar poseen aproximadamente 40% de sodio. Por eso, no hay que consumirlas en exceso”, dice Orphanopoulos.

La sal de mesa está hecha de sodio y cloro, mientras que la de mar contiene sodio y otros minerales como calcio, yodo o magnesio.

“Se suele pensar que la de mar es más sana que la sal tradicional, pero realmente tienen la misma cantidad de sodio, según una investigación en el Reino Unido, que lo condujo la revista británica Which y la organización de apoyo al consumidor llamada CASH (Consenso en la acción sobre la sal y la salud)”, afirma la especialista de Avansalud.

“Una diferencia es que la sal de mar es natural ya que se obtiene de la evaporación del agua del mar. La sal tradicional se obtiene de depósitos de sal y se refina para darle esa textura que la hace mucho más fácil de incorporar en las preparaciones”, comenta.

Coincide Ratner y añade que pese a que los estudios han demostrado que contienen casi lo mismo, las diferencia su precio ya que la sal de mar es más costosa.

¿Y el sabor?

Ambas saben distinto. La de mar es mucho más suave y se ocupa en menos cantidad, dice la bloguera gastronómica Paulina Briones (@polinenlacocina en Instagram). “Las uso más por el sabor más que nada, pero si antes usaba una cucharada de la fina, ahora ocupo media cucharadita de sal gruesa y rosada para cocinar»

sin sal

Loreto Reyes, chef y dueña de Dolce&Salato, cuenta que sólo usa sal de mar en sus platos calientes porque resalta más el sabor, a diferencia de la sal fina que lo opaca. “Pero para los aderezos de ensaladas usamos sal fina porque es mucho más fácil disolverla y le da una consistencia agradable al paladar. Y ponemos sal fina en la mesa por costumbre de los clientes y por comodidad, ya que es más práctico tener un salero que un molinillo”, dice.

¿La podemos reemplazar?

Las expertas dicen que las especias y hierbas pueden reemplazar perfectamente a la sal. “Para utilizar poca y potenciar el sabor, se podría mezclar con aliños como orégano, albahaca, pimienta, laurel, comino, eneldo, romero, perejil o paprika”, afirma Rinat Ratner, de la Clínica Alemana.

De hecho, en Dolce&Salato mezclan la de mar con romero, orégano o merquén. “Queda muy bien con las carnes, porque se realza el sabor”, dice Loreto. Paulina Briones cuenta que precisamente está haciendo un libro para destacar las bondades de los condimentos. “El tomillo u orégano son buenísimos y le dan un gusto especial a las comidas. Si haces un caldo, le pones orégano, cebolla y queda perfecto, no necesitas sal”, comenta.

Fuente: Revista M, LUN/ Más Liviano.

 

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