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La comida como símbolo de afecto

Tanto el exceso como la falta de alimentación se relacionan íntimamente con la autoestima, el afecto y la salud, tanto física como mental. Así, la forma en que nos relacionamos con la comida, en su forma distorsionada, es un síntoma que expresa un conflicto emocional inconsciente. “Un niño gordo es un niño sano”, es una frase popular en la que entendemos que la intención de las madres o las abuelas es alimentar al niño de manera abundante para evitar que se enferme.

De esta manera, en el fondo, el mensaje es “te quiero y no quiero que te enfermes”, aunque ante la incapacidad de expresar verbalmente este amor y cariño por nuestros seres queridos, “rellenamos” el plato y servimos grandes cantidades de comida equivalentes al amor que sentimos, sin percatarnos de que esto puede producir obesidad, malos hábitos alimenticios y otras enfermedades.

Por otro lado, la comida también es utilizada como medio para cubrir vacíos emocionales afectivos, pues ante sentimientos de depresión, soledad, miedo o angustia, nuestro organismo busca medios para consumir o liberar esta energía, y cuando no tenemos la fortaleza suficiente para liberarla por el camino correcto, confrontando la situación, se opta por caminos distorsionados, y en este caso la comida funge como elemento que “rellena“ nuestro interior, como acompañante en nuestra soledad o placer instantáneo que no resuelve, en absoluto, el problema de fondo.

Otro uso distorsionado que se da de la comida es cuando la vemos como medio compensatorio de culpas, tiempo o amor. Por ejemplo, los padres que dicen a sus hijos “si sacas 10 en matemáticas te llevo a comprar un helado”, o aquellos que no tienen tiempo para convivir con sus hijos y los fines de semana los “compensan” con frituras o dulces. De esta manera, el mensaje que se está enviando es comida igual a amor o premio, lo cual no tiene correspondencia con el comportamiento o mensaje real.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), México ocupa el primer lugar en obesidad infantil. El 70% de la población total tienen problemas de sobrepeso y, de este porcentaje, un 30% sufren obesidad. Estas cifras reflejan un problema en varios sentidos que va desde la pobreza y el poco conocimiento en cuanto a temas nutricionales hasta, en gran medida, el uso distorsionado que se le da a la comida, como medio compensatorio de problemas emocionales.

Por otra parte, la poca alimentación también se relaciona con nuestra identidad, autoestima y afecto. Así, una figura esbelta suele ser sinónimo de belleza y atractivo, lo cual ha provocado en nosotros un deseo constante de adelgazar para así ser lo que los demás desean y quieren.

La anorexia y la bulimia son la evidencia de la búsqueda desesperada de un cuerpo ideal. La comida en este sentido se relaciona con el querer ser deseable y querido, pero ¿por qué se toma esta alternativa como medio para ser valorado por los demás? El problema que existe de fondo en la mayor parte de los casos es una profunda depresión o una baja autoestima que anula el valor de otros aspectos personales y coloca en primer plano elementos superficiales; en este sentido la vivencia es “no hay nada dentro de mí que valore y por lo cual los demás puedan quererme, por lo que procuro seguir el modelo de belleza exterior para ser querido”.

Finalmente, también es cierto que la comida nos brinda un pretexto para relacionarnos con los demás, cuando vamos, por ejemplo, a tomar un café con alguna amiga/o, comemos en casa de la abuela, o cuando organizamos una comida de cumpleaños. En todos estos casos la finalidad es pasar un rato de intimidad con alguien cercano, compartir y disfrutar de un rato agradable.

El cuestionamiento fundamental frente a este tema es ¿qué papel juega la comida en nuestras vidas? Si la comida pierde su fin fundamental que es darnos fuerza y vitalidad para vivir y se convierte en un medio para evadir una realidad interna, es un signo claro de que necesitamos ayuda.

Fuente: www.mujerde10.com

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