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Los 8 errores de los padres cuando enseñan a comer a los hijos

No sólo lograr que duerman bien, aprendan a comunicarse o que logren controlar esfínteres son las preocupaciones de los padres con sus hijos. La alimentación es un desafío que pasa por muchas etapas y momentos, explica Berta Ponce, terapeuta infantil y psícologa al sitio español El Confidencial.

Cuando el niño tiene un año y comienza a caminar, el interés por la comida puede disminuir, no sólo porque la ganancia de peso sea más lenta a partir de ese momento sino porque empieza a tener nuevos intereses. A partir de los dos años, querrá empezar a hacer las cosas solo, así empieza un proceso de independencia que le hará sentirse mayor y bien consigo mismo. Es muy importante en ese momento que los padres respeten este proceso.

Es fundamental que el niño pueda decidir cuánta cantidad come y aceptar que algunas cosas les van a gustar más que otras. Querrá comer sólo, querrá coger la cuchara, experimentar con la comida etc. Es un buen momento para que los padres frenen el impulso de querer ayudarle y dejen que vaya practicando solo. Le darán así la oportunidad de comenzar un proceso de independencia muy importante en esta etapa del desarrollo, explica la experta.

Desde que nacemos, nuestros padres escuchan relatos que se convierten en creencias sin cuestionarnos: Hay que comerse todo lo que hay en el plato, si no comes no vas a crecer, “si comes mucho serás muy alto

Conductas perjudiciales

IMG_00941. Alimentación nocturna: intentan alimentar al niño durmiendo o con mucho sueño porque comió poco. Esto ocurre muchas veces con los niños más pequeños, los padres los alimentan por la noche y se meten en un círculo vicioso. Si come por la noche tendrá menos hambre por la mañana.

2. Perseguir al niño intentando que coma lo que sea.

3. Alimentación forzada: abriéndole la boca o tapando la nariz. Imaginemos solo por un momento si a nosotros como adultos nos hacen algo parecido sin que nos guste algo o cuando ya estamos llenos.

4. Distracción: El móvil, la tv, el avioncito, esta por papá… Todo esto distrae al niño, que puede acabar provocando estas situaciones: sé que mamá y papá me miran y juegan a la hora de comer, cuanto más se alargué esta situación más caso me hacen. Los juegos los dejamos para otro momento.

6. Comidas prolongadas. Un niño pequeño es incapaz de estar sentado demasiado tiempo. La hora de la comida debe tener un límite. Una vez que se acaba ese tiempo retiramos el plato aunque no se lo haya acabado.

7. Premios y castigos. El riesgo que corremos es que el niño coma para conseguir el premio o por miedo a perder algo que le gusta, no porque sienta hambre.

8. Culpabilizar al niño por no comer: Él no es culpable de nada, el centro del apetito en el cerebro es el que le está ordenando no comer. Los riesgos de intentar que coma a toda costa es que el niño poco a poco dejará de reconocer la sensación de «tengo hambre» y » estoy lleno».

Confundir el hambre con las emociones es algo frecuente. Las personas recurrimos a la comida en ocasiones cuando nos sentimos frustrados, aburridos, solos o con ansiedad. Los padres pueden ayudar a sus hijos dándoles espacio para que puedan expresar como se sienten

Cómo tener una buena relación con la comida

1. El niño tiene la capacidad de sentir cuándo tiene hambre y cuándo está lleno. Dejarnos guiar por el instinto del niño es fundamental. Respetemos sus sensaciones sin imponer las nuestras.

2. Los niños pasan por diferentes etapas, es muy común que durante unos meses les guste mucho una comida y luego deje de gustarles. Algunos padres se quejan de que sus hijos no les gustan las verduras, el pescado etc. Lo mejor será ir introduciendo poco a poco estos alimentos. Si no le gustan las judías no le pongo un plato lleno, le pongo sólo unas poquitas.

3. Establecer buenos límites en relación a la alimentación y promover un estilo de vida saludable:

– Hacer una comida para todos igual, si al niño no le gusta le invitaremos a probar pero sin obligarle. No le hacemos una comida diferente. A muchos padres les angustia que el niño se quede sin comer, no les pasa nada por comer poco en una comida, ya comerán más en la siguiente.

– Intentar comer en familia, será un buen momento para hablar y contarnos como nos ha ido el día.

– Evitar la obesidad estimulando el ejercicio físico y evitando en la medida de lo posible la bollería industrial, chucherías etc.

– A la hora de elegir la cantidad que le ponemos en el plato al niño tener en cuenta: su edad, su tamaño y el apetito que tenga

4. Es muy frecuente que escuchemos a los padres decir que los niños aprenden a comer de todo cuando van al colegio. En cierta manera es cierto porque en el colegio hay características diferentes a casa:

– Están con sus compañeros y los niños aprenden por imitación. Si mi amiga lo prueba yo también.

– En el colegio no me cambian la comida, si no me gusta lo que hay sé que no me van a hacer otra cosa.

– Hay un tiempo establecido, si no me doy prisa me pierdo el patio.

– Las cantidades normalmente están muy adaptadas a la edad del niño.

5. Reflexionar acerca de la relación que tenemos los padres con la comida y nuestro cuerpo

¿Como nos sentimos con nuestro propio cuerpo, ¿nos criticamos?, ¿hacemos constantemente dieta? ¿Nos fijamos en el aspecto físico de los demás dejando a un lado otros aspectos?

6. La capacidad de quererse a sí mismo se aprende desde que el niño nace. Los padres pueden ayudar a que el niño crezca con una buena autoestima:

Reforzando sus capacidades, fomentando su autonomía, aceptando a las personas con sus defectos y sus cualidades, poniendo normas flexibles, viendo los errores como parte del aprendizaje.

Valorar nuestro cuerpo y cuidarlo: Si papá y mamá miran su cuerpo y mi cuerpo de una manera positiva será más difícil que los condicionamientos socioculturales me influyan en el futuro.

7. La alimentación y desarrollo emocional 

Confundir el hambre con las emociones es algo frecuente. Las personas recurrimos a la comida en ocasiones cuando nos sentimos frustrados, aburridos, solos o con ansiedad. Los padres pueden ayudar a sus hijos dándoles espacio para que puedan expresar como se sienten.

En ocasiones los niños pueden utilizar la comida como una manera de control paterno. Sería como una manera de marcar su independencia: en esto decido yo.

Con respecto a la alimentación es fundamental que el niño pueda decidir cuánta cantidad come y aceptar que algunas cosas les van a gustar más que otras. Tiene muchos años por delante para aprender a comer de todo. No se aprende a leer y escribir en dos días. Con la comida sucederá lo mismo. Como padres tenemos que reflexionar sobre que batallas merece la pena luchar. Una situación que provoca tensión día tras día a largo plazo puede convertirse en un conflicto más difícil de solucionar.

El objetivo es que el niño crezca teniendo una buena relación con la comida y con su cuerpo, que pueda vivir el alimentarse como una experiencia placentera. Si la comida y su cuerpo no suponen un conflicto durante toda la infancia será más difícil que lo sea en la adolescencia.

Fuente: www.elconfidencial.com

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