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Clean Label: la nueva tendencia de alimentos «más limpios»

Por Francisca Orellana

En momentos en que está al alza el consumo de alimentos saludables, con formas de producción que sean amigables con el medio ambiente, no sólo surgen estilos de alimentación distintos sino también una nueva forma de mirar y comprar los alimentos. Como el concepto de Clean Label, una corriente que llama a tener etiquetas nutricionales cada vez más “limpias” y saludables, con ingredientes nobles, dejando fuera los que son ultra procesados.

“Es una tendencia que se instaló en Europa hace algunos años y que en nuestro país han adoptado algunos grupos. Hace referencia a que las etiquetas de los alimentos presenten información sencilla y fácil de comprender, así como a no contener ingredientes artificiales”, explica María José Jara, nutricionista y académica de la escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Mayor.

De esta manera, se incentiva un consumo de alimentos más consciente, pues las personas pueden optar por aquellos productos que tienen ingredientes y una trazabilidad conocidos.

“Los alimentos que siguen los patrones Clean Label no solamente deben detallar los ingredientes que contienen, sino que también deben especificar los procesos de producción a los que han sido sometidos y la cadena de suministro por la que pasan. El objetivo es que el consumidor conozca en todo momento todos los aspectos relacionados con los alimentos que compra porque estas etiquetas transmiten valores de sencillez y claridad, y deben presentar toda la información de manera fácilmente legible, detallada y exacta”, agrega María José Jara.

Se trata, entonces, de una tendencia que representa un gran reto para la industria alimentaria. “Es un desafío poder dar respuesta a estas corrientes y transparentar de manera clara cada uno de los ingredientes y aditivos que contienen los productos, así como también educar a la población acerca de tomar decisiones conscientes al momento de seleccionar su alimentación”, sostiene Evelyn Sánchez, nutricionista y académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Las Américas.

De hecho, Jara complementa que desde ese punto es lógico que se produzca una evolución en los contenidos, reemplazando los ingredientes artificiales por naturales, hasta eliminar elementos considerados nocivos para la salud en sus envases, como el BPA o bisfenol-A.

Este último es un producto químico industrial que se ha utilizado desde la década del ’60 para fabricar plásticos de policarbonato –que se utilizan a menudo en recipientes que almacenan alimentos y bebidas–, y resinas epoxi, que se usan para recubrir el interior de productos metálicos, como latas de comida, tapas de botellas y conductos de suministro de agua, explica un artículo de la Clínica Mayo de Estados Unidos.

El documento añade que “algunas investigaciones han demostrado que el BPA puede filtrarse en los alimentos o las bebidas de los envases que se fabrican con él y que la exposición al BPA es una preocupación debido a sus posibles efectos sobre la salud del cerebro y la próstata de fetos, bebés y niños (…) Investigaciones adicionales sugieren una posible relación entre el BPA y el aumento de la presión arterial”. Y aunque la FDA de EEUU ha informado que el BPA es seguro en los niveles muy bajos que presentan algunos alimentos, muchos fabricantes están creando cada vez más productos libres de este elemento.

Se trata de una tendencia que representa un gran reto para la industria alimentaria, en el sentido de transparentar de manera clara cada uno de los ingredientes y aditivos que contienen los productos, así como también en educar a la población para que tome decisiones conscientes cuando elija los alimentos que quiere consumir.

Nuevos hábitos de consumo

Esta nueva forma de escoger los alimentos responde también a una mayor responsabilidad en los consumidores, que están cada vez más eligiendo productos que impacten de forma positiva en su organismo y salud, en momentos en que Chile lidera como uno de los países con más altos índices de obesidad en la población.

De hecho, el estudio Jumbo GfK Chile Come Sano versión 3, publicado a inicios de 2019, arrojó que el 50% de los encuestados indicó que ha incorporado en su rutina alimentos más naturales, sin químicos, bajos en sodio y azúcar. Además, se observa un fuerte interés por dejar de consumir alimentos procesados, ya que el 77% dijo haber eliminado las bebidas azucaradas, o un 75% la comida rápida.

“Considerando la situación epidemiológica mundial, el surgimiento de corrientes que promuevan una ingesta alimentaria más saludable y consciente es altamente favorable. Volver a lo natural, alimentándonos de productos mínimamente procesados, claramente tiene un impacto beneficioso para la salud puesto que, desde la industrialización de la alimentación, se ha evidenciado un marcado aumento en la prevalencia de malnutrición por exceso y enfermedades crónicas no transmisibles”, indica Evelyn Sánchez.

Las especialistas explican que a ello ha contribuido, también, la Ley de Etiquetado que estableció sellos de advertencias a los alimentos altos en sodios, azúcar, grasas saturadas y calorías.

“Sin duda que ha despertado el interés de los consumidores por el contenido de lo que ingieren, pese a que no se enfoca en que las personas lean la información nutricional y los ingredientes del alimento. Quienes optan por seguir determinados tipos de alimentación –como vegetarianos o veganos, por ejemplo– son los que realmente se informan sobre los ingredientes de los alimentos y no la población en general, que busca comer lo menos malo”, asevera Jara.

Por eso, las especialistas consideran urgente poner el acento en la importancia de saber leer bien las etiquetas nutricionales para que se masifique.

“Un bajo porcentaje de la población sabe que, en el desglose de ingredientes de la etiqueta, estos van escritos de mayor a menor proporción en el alimento, existiendo, además, ingredientes y aditivos que poseen nombres poco amigables y entendibles. Las nuevas tendencias en alimentación y el aumento en la prevalencia de alergias alimentarias han hecho que crezca el interés por identificar los ingredientes de los alimentos, pero sin duda queda mucho por hacer en términos de educación en la materia”, argumenta la académica de la Universidad de Las Américas.

Incluso, añade que hoy se “satanizan” muchos alimentos mientras que a otros se les cataloga como “súper alimentos” sin existir un organismo que regule el tema, confundiendo a los consumidores. “Debiera existir información y educación que emane de una institución confiable y que realmente ayude a las personas a elegir de la mejor manera los alimentos”, plantea.

Fuente: Diario Financiero, para Piwen.

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