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La nueva solución a la obesidad infantil: estudiar sin pupitres

Con el tabaquismo en retroceso, la lucha de los que velan por la salud pública lleva tiempo fijándose en las sillas y en los sofás como la siguiente presa a combatir. El mantra es que el sedentarismo acorta la vida. Hay que levantarse, medir pasos o incluso estar andando en una cinta mientras se trabaja, como en las oficinas más concienciadas de EEUU.

Por ello es que hay bastantes organismos que están luchando para incentivar la actividad física y evitar estar sentados. El colegio público Vallecito, en San Rafael, California, ha eliminado los pupitres para conseguirlo. Ahora tienen atriles, la última herramienta para luchar contra la obesidad infantil. «Niños, levantaos» puede ser el sustituto del clásico «Niños, sentaos», en boca de los profesores. Los defensores del método dicen que las notas mejoran, la circulación también y consiguen quemar más calorías.

Los supuestos beneficios han hecho que el matrimonio Starret se haya convertido en una pareja con una misión: extender los atriles por EEUU con Stand Up Kids, su fundación. Ella, abogada, fue miembro del equipo de remo de Berkeley y él es autor de dos bestsellers deportivos, además de gerente de una compañía de Crossfit en San Francisco. Se preocuparon cuando, al organizar una carrera de sacos en el colegio de sus hijas, había niños que no cabían o que apenas podían moverse para meterse en ellos.

Mariano Hernán, investigador de la Escuela de Salud Pública de Andalucía, cree más eficaz mantener un mínimo de tres horas semanales de actividad física. Su grupo de investigación participa con otro de Barcelona en el estudio de un plan piloto en ocho colegios para luchar contra la obesidad: «Son importantes los talleres con los padres, la formación del profesorado, la concienciación en las comidas y abrir los colegios por las tardes para hacer deporte».

Carmen Pascual, directora del colegio público Padre Coloma en Madrid, explica que intentan hacer lo aconsejado por Mariano Hernán y ve un efecto colateral positivo a los atriles: «Puede ser estupendo para que aprendan a estar erguidos. Ya nadie les educa a estar con la espalda, cabeza y piernas rectas». En eso no han pensado en Vallecito. Tampoco en otro consejo de Hernán: «A lo mejor, algunas clases se podrían dar andando».

Tan antiguo como los alumnos peripatéticos de Aristóteles. En breve, alguien puede venderlo como nuevo. Como el atril de en el que escribía, de pie, Ernest Hemingway, hace más de 60 años.

Fuente; El Mundo.es

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