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Cuatro beneficios que te entrega la actividad física en el agua

  • Especialistas aconsejan realizar un ejercicio gradual con el transcurso de las semanas, no olvidando el correspondiente calentamiento previo.

Cada año son más las personas que deciden iniciar una actividad física y hacerla un pasatiempo o hábito en sus vidas. El calor del verano influye en esto, y las piscinas son un buen medio para ejercitar el cuerpo.

Practicar ejercicio en el agua es recomendable para cualquier persona, independiente de su condición física. La edad y saber nadar, tampoco es una limitante.

Para el kinesiólogo Eduardo Villarreal, del Consultorio del Adulto del Hospital Eduardo Pereira de Valparaíso, este tipo de actividad mejora la coordinación, ritmo, equilibrio y agilidad en la persona.

Para quienes no se encuentren entrenados, se recomienda iniciar la actividad física progresivamente: ideal comenzar con ejercicios durante 10 minutos, y luego aumentar en cinco cada semana hasta llegar a los 45 minutos”, dice Villarreal. Como en todo ejercicio, será importante un calentamiento previo; basta con caminar por lo menos cinco minutos para que el cuerpo se adapte al entorno.

Los beneficios del ejercicio en el agua se explican por las propiedades físicas que ésta tiene, las que provocan distintos efectos en un cuerpo que se encuentra en inmersión. El especialista Eduardo Villarreal explica cuáles son:

Conductividad: Puede ser aplicada a través de un baño de agua fría en una extremidad, con el fin de disminuir el edema (hinchazón) provocado por un trauma agudo. 

Los baños en aguas calientes tendrán un efecto de relajación sobre la musculatura; es útil para aumentar el rango de movimiento de articulaciones que tienen algún grado de rigidez, mejorando así la flexibilidad del cuerpo. También  genera una sensación de bienestar.

Flotabilidad: Disminuye el estrés y la compresión de las articulaciones que soportan la carga de los músculos y del tejido conectivo. Favorece a pacientes que  sufren de patologías reumáticas, obesidad, espasticidad, entre otras. Además, ayuda al movimiento en embarazadas y adultos mayores. Con respecto a éstos últimos, evita riesgos de caídas (hasta un 42%, según un estudio de la Universidad de Valencia, España).

Resistencia: Dependerá del sentido del flujo de agua, de la velocidad del cuerpo para moverse y de la profundidad de inmersión. Se puede trabajar de manera aeróbica la mayor parte de la musculatura del cuerpo. Una hora de caminata dentro de una piscina equivale a cuatro de caminata en tierra.

Presión hidrostática: Es la presión que ejerce el agua hacia el cuerpo. Ayuda a disminuir los edemas de las extremidades inferiores causados por insuficiencia venosa o linfática. Al aumentar el retorno venoso, la sangre se desvía desde las piernas hacia el corazón y el tórax, provocando un aumento del gasto cardiaco y una disminución de la frecuencia cardiaca. Proporciona información propioceptiva (sentido que informa al organismo la posición de los músculos) a las diversas articulaciones que están en inmersión.

Si la persona tiene insuficiencia cardiaca no controlada, hipertensión arterial no controlada, algún tipo de infección por herida o hemorragia, debe consultar a un médico antes de iniciar una actividad física dentro del agua.

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